Innovando en Altavoces Autoamplificados Por Mas de 11 Años

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"Si hubiera un solo conjunto de parámetros óptimos para los componentes de un sistema dado, ¿porqué tendrían los operadores que necesitar ajustarlos? ¿Porqué no habrían de ser ajustados apropiadamente de una vez en el taller para no ser manipulados nuevamente?"

— John Meyer

En los 1970s, la idea de la sonorización de alto nivel en su conjunto estaba naciendo aún, y una de las pocas compañías de sonido que existían estaba tratando de descubrir cosas al tiempo que las implementaban, confiando principalmente en su experiencia y construyendo la mayor parte de su propio equipo, especialmente consolas mezcladoras y altavoces. La operación del equipo era errática, y muchos técnicos de sonido no tenían ningún entendimiento de cómo elegir apropiadamente combinaciones de amplificadores y altavoces, o de cómo realizar los ajustes electrónicos apropiados en la configuración de un sistema. Existía además la noción de que diferentes tipos de música requerían diferentes componentes y montajes. La confiabilidad de los equipos era solo un sueño, lo cual significaba que muchos espectáculos se veían interrumpidos o terminaban prematuramente por fallas en los sistemas de sonido.

McCune Sound Service de San Francisco (ahora McCune Audio/Video/Lighting) era una de las compañías de sonido pioneras en el nuevo mundo de la sonorización de alto nivel. McCune había escuchado un sistema de altavoces único, llamado Glyph, en un club local y rápidamente contrató a su diseñador, John Meyer, para diseñar mejores sistemas de altavoces para ellos.

Un sistema McCune JM10 diseñado por John Meyer en los 1970s en uso con Grateful Dead en San Francisco.

Desde su puesto en McCune, Meyer pudo ver que nadie estaba satisfecho con la situación: la variabilidad del equipo era una pesadilla logística para la compañía de sonido y la falta de confiabilidad significaba que el público que iba a ver un espectáculo no podía verlo completo mientras la compañía de sonido figurativamente se arrancaba el cabello tratatndo de mantenerse funcionando hasta el final del espectáculo.

Mientras que cada compañía de sonido buscaba su propia forma de sobrellevar la sonorización a través de sus crecientes achaques, Meyer tuvo la visión de que la clave de llevar la actividad a su madurez estaba en introducir consistencia en las herramientas y su uso. Un sistema de altavoces verdaderamente bueno debería ser capaz de reproducir cualquier tipo de música, con la misma configuración. Si hubiera un solo conjunto de parámetros óptimos para los componentes de un sistema dado, ¿porqué tendrían los operadores que necesitar ajustarlos? ¿Porqué no habrían de ser ajustados apropiadamente de una vez en el taller para no ser manipulados nuevamente? La idea tenía sentido para McCune, quienes estaban proporcionando sistemas de sonido para todo el mundo, desde Creedence Clearwater Revival hasta Herb Alpert hasta los Boy Scouts de América.

Esta idea llevó hasta la concepción de los altavoces autoamplificados tal como los conocemos hoy en día, pero lograr crear altavoces autoamplificados útiles demostró ser decidamente mas fácil dicho que hecho. Como en el caso de la tecnología de arreglos lineales, la idea de los altavoces autoamplficados había sido inventada años antes, pero, nuevamente como en el caso de los arreglos lineales, nunca había sido llevada a su realización práctica lo suficiente como para atraer la atención de aquellos que peleaban las batallas de los sistemas de sonido. De hecho, los primeros intentos de crear altavoces autoamplificados se habían ganado la mala reputación de no ser confiables. El camino hacia los altavoces autoamplificados resultó estar plagado de varios problemas — técnicos, funcionales y hasta de actitud. Convencido de que los sistemas autoamplificados eran la solución a numerosos problemas, Meyer permaneció sin ser intimidado por todo ello.

Meyer se pusó a trabajar y diseñó el JM3 (nombrado por McCune en honor a Meyer), un sistema triamplificado a tres vías que incluía los amplificadores de potencia y toda la electrónica asociada con los altavoces en un rack de equipo sin controles mas allá de un interruptor de encendido/apagado, todos los parámetros habían sido calibrados en el taller.

"Contratamos a una agencia para investigar qué pensaba la gente de los altavoces autoamplificados para sonorización, y tras una encuesta regresaron diciendo que nadie los quería."

— John Meyer

Aún en este punto, Meyer reconoció que había varias características mas allá de los amplificadores y crossovers que necesitaban ser implementadas para lograr un sistema autoamplificado práctico. Comenzó por añadir limitadores para dificultar que los altavoces se dañaran con demasiada potencia.

Meyer recopiló poco a poco una gran cantidad de información acerca de las áreas del diseño de altavoces que necesitaban mejoría a partir de la experiencia de construir el sistema y observarlo en uso. Entonces procedió a analizar cada problema desde el punto de vista de su causa fundamental, estableciendo en este proceso muchos de lso principios básicos con los que Meyer Sound opera hoy en día.

Para 1979, Meyer estaba listo para comenzar otra compañía de altavoces (Glyph había sido su primera compañía). Los tiempos estaban cambiando y el crecimiento de las giras estaba llevando al nacimiento de compañías dedicadas a fabricar equipo para la industria, reduciendo la necesidad de que las compañías de sonido lo diseñaran y construyeran por si mismos. El establecimiento de Meyer Sound por John y Helen Meyer fue un clásico ejemplo de este cambio.

Justo al principio, Meyer Sound fabricó el monitor de estudio ACD, un diseño que partió de del año y medio que Meyer pasó investigando en el Instituto de Estudios Musicales Avanzados en Suiza. El ACD era un sistema autoamplificado, con un rack que contenía su amplificador y procesamiento de señal, los cuales estaban calibrados de fábrica. Sin embargo, en un año, Meyer Sound cambió a fabricar altavoces para sonorización con procesamiento externo dedicado (un cambio altamente controvertido en su introducción), pero no amplificadores.

Con su propia compañía, sin embargo, Meyer ya no estaba en el ambiente controlado de McCune, donde podía configurar un sistema y dirigir como debía usarse. Ahora, tenía clientes en todo el mundo usando sus productos, cada uno con su propia opinión sobre como configurar un sistema de sonido. Podía hacer todas las recomendaciones que quisiera, pero las decisiones no estaban dentro de su control: la gente iba a hacer lo que mejor les pareciera en términos de amplificadores, estructura de ganancia y otros parámetros críticos.

Aún mientras Meyer proveía altavoces mas lineales y confiables, la gente seguía sin entender como elegir apropiadamente amplificadores para ellos. Meyer colocó líneas de sensores en el procesador para monitorear la salida real del amplificador, pero las conexiones frecuentemente eran hechas incorrectamente o eran ignoradas del todo, en detrimento del sistema. Peor aún, los amplificadores comerciales eran cada vez mas potentes y mucha gente guardaba una actitud de "mas es mejor", especialmente los fabricantes de amplificadores, quienes comenzaron a tratar de convencer a los usuarios de comprar amplificadores diferentes a los recomendados por Meyer Sound para sus altavoces.

"Mucha gente pensaba que mientras mas altos fueran los voltajes del riel de la fuente de poder de un amplificador, mejores serían" dice Meyer, "pero alguien que cree eso no tiene idea de que un amplificador no está impulsando una resistencia; está impulsando algo que tiene fuerza y energía. Cada volt que pones en un altavoz crea una aceleración, por lo que hay un límite a lo que puedes hacer antes de que las cosas se rompan. Un pico de muy alto voltaje puede romper el altavoz porque tienes una enorme aceleración pico. Es como tirar un vaso en una mesa: cuando llegas a cierta altura se quiebra. Solo se toma un momento."

Era frustrante. Meyer Sound incluso construyó y vendió su propio amplificador, pero no fue capaz de superar las preferencias de marca arraigadas en gran parte de la industria. A través de los 80s, al madurar la nueva industria del equipo para sonorización, el problema persistió, obstaculizando los intentos de Meyer por lograr una mayor linearidad, consistencia y confiabilidad en sistemas de sonorización.

El HD-1, introducido en 1990, comenzó la tendencia hacia los monitores de estudio autoamplificados.

Aún convencido de los beneficios de los sistemas autoamplificados, en 1990 Meyer presentó el monitor de estudio de alta definición HD-1, un sistema completamente integrado y autoamplificado desarrollado originalmente como una fuente de pruebas doméstica. Al establecerse el HD-1, las ventajas de un monitor autoamplificado rápidamente fueron tomadas en monitoreo de estudio, donde las demandas relativamente bajas de potencia hicieron del peso y el calor problemas menos importantes que en sonorización.

Meyer diseñó el UPL-2, una versión para sonorización del monitor de estudio de campo medio autoamplificado HD-2 que siguió al HD-1, pero que aún era un sistema de baja potencia comparativamente.

Para mediados de los 90s, Meyer había tenido suficiente con los incovenientes de los sistemas convencionalmente amplificados. Había llegado el tiempo de confrontar el problema una vez mas y de una vez por todas. "Fue claro que teníamos que resolver el problema," recuerda Meyer, "así que dije, "Tomemos un año y rehagamos verdaderamente todo el sistema de electrónica, pero esta vez, pongámoslo en el altavoz.""

Nos tomó un año desarrollar un amplificador para usarlo en el nuevo producto autoamplificado, pero una vez que el reto técnico fue resuelto Meyer enfrentó el considerablemente mayor obstáculo de cambiar las ideas de la industria. Poner la electrónica dentro del gabinete fue un cambio de paradigma que hizo sentir incómodos a muchos en la industria, especialmente considerando que colgar sistemas de sonido era un método estandar para ese entonces.

"Contratamos a una agencia para investigar qué pensaba la gente de los altavoces autoamplificados para sonorización, y tras una encuesta regresaron diciendo que nadie los quería," recuerda Meyer. "Había varias razones para ello. Una es que los clientes sentían que si tenían todo un sistema completo colgando en el aire sería mas difícil resolver una falla. Si se dañaba tendrían que descolgarlo y bajarlo. No sabrían en que estado se encontraría cada altavoz al usarlo, de manera que no sabrían si funcionaban o no sin entrar en mayores dificultades. La situación en ese momento era que si tenían los amplificadores en el escenario podían ver los medidores. Así que comenzamos a pensar cómo podríamos solucionar estas cuestiones."

El resultado fueron esfuerzos por lograr facilidad de uso y confiabilidad como las fuentes de poder Intelligent AC, la cual permite a un altavoz ajustarse automáticamente a un amplio rango de voltajes de línea de alimentación, partes fabricadas con tal consistencia que pueden ser reemplazadas en campo sin requerir calibración, y el sistema de monitoreo remoto RMS que permite un monitoreo en tiempo real del estado operativo de cada altavoz.

Había otros importantes beneficios de integrar los amplificadores y la electrónica al gabinete. "Una de las mejores cosas de los autoamplificados es que podiamos trabajar en el aterrizaje, eliminando hums y ruidos, y hacer un sistema mas silencioso, en vez de tener a los usuarios peleando con ruidos y zumbidos durante un espectáculo. La gente comenzó a reconocer que esto realmente era una ventaja."

Mas aún, la degradación de señal por el uso de largos tiros de cableado para altavoz también fue eliminado, ya que el cableado para altavoz en un sistema autoamplificado solo requiere unos cuantos centímetros.

El MSL-4, introducido en 1995, fue el primer sistema de altavoz autoamplificado de alta potencia.

Para finales de 1994, Meyer Sound estaba listo para sacar al mercado el MSL-4, el primer altavoz autoamplificado de alta potencia para sonorización. Al principio, algunas compañías de sonido y diseñadores de sistemas dudaban de esta nueva idea. Después de todo, Meyer Sound estaba colocando 1240 watts de potencia en cada gabinete de altavoz (Hoy en día, los sistemas autoamplificados Meyer Sound cuentan con casi 5000 watts de potencia). Pero en tan solo un año, el MSL-4 había demostrado su validez y el 10 o 20 porciento de las ventas que la compañía estimaba lograr para los productos autoamplificados se veía aumentar muy rápidamente.

Las producciones en gira se dieron cuenta que las ventajas logísticas de los sistemas autoamplificados iban mas allá de un montaje sencillo. "Gente como Cirque du Soleil se dieron cuenta que es mucho mas eficiente distribuir alimentación eléctrica a tres fases para un cluster de altavoces que tener que distribuirla a racks de amplificación en el pidoy después tirar cableado para los altavoces," señala Meyer. "El cable de alimentación puede tener unos tres centímetros de diámetro, mientras que un atado de cables de altavoz puede tener hasta 15 centímetros de diámetro. Inmediatamente, solo el peso, la masa y el costo del cobre es horrendo (con altavoces amplificados convencionalmente), especialmente si el peso tiene importancia en una gira. En espectáculos en gira, cada kilogramo que transportas te cuesta dinero." Meyer Sound buscó convertir su línea completa de altavoces para ser autoamplificados.

La industria se dió cuenta, y la competencia... estaba ausente. Durante los primeros cinco años que Meyer Sound produjo sistemas autoamplificados, habría sido difícil encontrar cualquier otro producto autoamplificado diseñado para sonorización, aunque el mercado para estudio se estaba rápidamente llenando de ellos. Otras compañías desistieron, quizás por lo difícil que la idea resultaba en implementar en la realidad. Para hacerlo, una compeñía tenía que resolver los problemas antes mencionados, además de las obvias cuestiones del calor y el peso y otras menos evidentes como diferencias en reglamentos gubernamentales alrededor del mundo relativos a productos energizados y no energizados. Meyer Sound partió con ventaja, convirtiendo productos para ser autoamplificados, uno por uno, y aprendiendo mas de la tecnología al hacerlo.

A lo largo de los 11 años que Meyer Sound ha fabricado sistemas autoamplificados, la industria ha llegado a entender y aceptar las ventajas de la idea. La señal mas obvia de ello es la lenta aparición de productos autoamplificados de otros fabricantes; lenta porque hasta ahora comienzan a resolver todos los espinosos aspectos que Meyer Sound exitósamente resolvió a mediados de los 90s.

 

Altavoz ultracompacto de arreglo curvilíneo de alta potencia M'elodie

Con la presentación en la primavera de 2006 del altavoz ultracompacto de arreglo curvilíneo de alta potencia M'elodie, Meyer Sound ofrece cerca de 40 modelos de altavoces autoamplificados para sonorización, y solo un producto amplificado convencionalmente. El concepto de los sistemas autoamplificados ha sido aceptado globalmente, y los sistemas Meyer Sound son usados en giras desde Slipknot y The White Stripes hasta Diana Krall y Los Tres Tenores, en auditorios que van desde el Carnegie Hall hasta la Opera de Sydney, y en las mayores producciones de teatro de Broadway, del West End de Londres, y en los hoteles de Las Vegas. En años recientes, los sistemas autoamplificados de Meyer Sound han llenado las iglesias desde el Sur de Estados Unidos hasta ashrams en la India. De hecho, los sistemas Meyer Sound se pueden encontrar dondequiera que se reúnan grandes grupos de gente, desde eventos políticos hasta estadios, y desde cruceros en el Caribe hasta el Kremlin.

Cada genración sucesiva de altavoces autoamplificados muestra la clase de refinamiento y mejorías en desempeño que solo se pueden lograr una vez que una compañía lleva ya tiempo dejando atrás aspectos básicos. En el área de los altavoces autoamplificados, nadie puede negar que Meyer Sound habla con la voz de la experiencia.

 



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